Hay veces que las cosas que haces no tienen su recompensa, pero últimamente parece que se repite, no es que vaya mal, es que... necesito más, más de lo poco que me dan, que parece que les cueste ser una persona coherente. Parece que les guste verme por ahí dando tumbos después de días sin dormir para decirles: "¡Yo no hice nada mal! Aquel día fui perfecta...", hasta que te tumban, porque tu no tienes derecho a decirles nada y ellos tienen derecho a decirte todo. Pueden dejarte mal, insultarte o incluso mirarte con cara de superioridad, que saben que tu, calladita en esa silla de tubo metálico hueco, inspirada en la Bauhaus, no podrás hacer nada más que mirar al suelo pensando en todas las cosas que les dirías, en el golpe que darías en la mesa y en la mirada de rabia hiriente que le echarías, pero no, ahí sigues, cruzando las piernas por debajo del asiento, aguantando el chaparrón.
Esperando a que un día, por fin, salga el sol....
PD: soy como el turrón pero en verano, vuelvo :)





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